lunes, 2 de noviembre de 2015

Cuando Dios No Habla: Profeta Cliff Bell



1ª Samuel 3:1, “y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días…”

¿Qué puede hacer uno cuando Dios no le habla?  Los cielos parecen ser de bronce… ¿Le suena familiar?  No puedo decirle cuántas veces he ministrado y profetizado a otros una palabra que desató dirección, vida y paz a otros mientras que yo mismo necesitaba intensamente una respuesta de Dios – pero nada.   


Yo recuerdo una vez cuando yo era un niño en la escuela y tomando un examen.  Yo había estudiado bastante y me sentí bien preparado.  No obstante, hubo una pregunta que me tenía perplejo, y no pude pensar de la respuesta.  Nada de lo que había estudiado me podía haber preparado para esa pregunta.  Era una pregunta avanzada que la maestra agregó al examen (como un bono) para ver cuántos sabían la respuesta.  Después de un rato, me ocurrió la idea de que tal vez la maestra me podía ayudar.  Levanté mi mano y esperé.  Cuando me miró, la maestra me señaló que no me podía responder ni ayudar en ese momento porque era tiempo de examen. 


Yo siempre estudiaba duro, y ganaba buenas calificaciones.  En mi mente pensé que mi mundo hiba ser destruido si yo no podía escribir la respuesta correcta y sacar una calificación perfecta.  En mi inmadurez sentí que la maestra estaba siendo injusta por haber incluido esa pregunta y no ayudarme.  Me sentí como si ella me estaba castigando. 


La verdad es que la maestra era una buena maestra.  Ella solo quiso saber cuál era nuestra abilidad y nivel de desarrollo.  Una cualidad de un buen maestro es que no ofrece las repuestas a las preguntas durante el examen.  Espera hasta después.  Los exámenes no son administrados para castigar sino para averigüar cuánto hemos aprendido y cuál es nuestro nivel de desarrollo. 


El Espíritu Santo nos es dado para guiarnos a toda la verdad (Juan 14:26).  El es nuestro Gran Maestro.   Y hay tiempos en que El nos da pruebas, exámenes para averigüar lo que sabemos.  Bueno, como El es Dios, El ya sabe el resultado.  El sabe todo lo que está en nuestro corazón.  Dios administra los exámenes para que nosotros sepamos cual sea nuestro nivel de desarrollo, y cuánto realmente conocemos.  Dios usa circunstancias que nos sacuden a veces para identificar áreas en nuestro fundamento que necesitan reparación. 


¿Qué sucedería si usted tomara un vaso lleno de agua y lo empiece a sacudir?  El agua se va tirar.  Si el vaso fuese lleno de jugo de naranja, entonces sería jugo de naranja lo que se va tirar.   Dios sabe que cuando un vaso está sacudido, el contenido se va tirar y revelar.  Cuando nosotros somos sacudidos entonces nuestro contenido, lo que está realmente en nuestro corazón, es lo que se va revelar.  Se revela a través de nuestras palabras, acciones y aun más por nuestras actitudes y emociones.  Si nuestras emociones comiencen a sentir temor y si decimos palabras negativas, entonces eso es realmente lo que creemos.  Revela que nuestra fe no fue fundada en la Palabra de Dios como lo habíamos declarado sino en las circunstancias externas.


Es una cosa decir, “Dios es mi Proveedor.”  Pero cuando usted se encuentra despedido de su empleo, entonces usted se va dar cuenta rapidamente si su confianza realmente está en Dios o en su propia habilidad de ganar dinero o en su empleo.  Como cristianos sabemos escrituralmente que Dios es nuestra Fuente de provisión.  Pero cuando llega un momento en que ya no sabemos cómo Dios proveerá, cómo vamos a pagar las cuentas, entonces tenemos que levantar nuestra fe a una nueva nivel. 


Cuando podemos hacer lo que necesitamos con los recursos que tenemos, entonces no se requiere fe.  La fe se mueve más allá que lo que se ve.  La fe agrada a Dios, y sin fe es imposible agradarle.  La fe es una de las cosas básicas que tenemos que mantener en nuestras vidas si queremos estar posicionados a recibir el favor de Dios.   Dios ha declarado que el justo vivirá por la fe.  Y Dios quiere que nosotros nos demos cuenta de nuestro nivel actual de fe para poder ajustarnos a la Palabra de Dios y también crecer en fe.


Tal vez usted está viviendo esto ahora.  Ha recibido profecías acerca de prosperidad, pero ahora, como José del libro de Génesis, se encuentra en una posición que parece el opuesto de lo que esperaba.  ¡Nunca esperaba encontrar esta pregunta en su examen!  Usted tiene ahora una oportunidad de más allá de las circunstancias y ver la verdad.  Dios no está enojado con usted.  Dios no le está castigando.  En Su amor y misericordia Dios está permitiendo que se note lo que realmente está dentro de su corazón.   


En medio de la prueba tenemos que recordar que Dios es bueno, y para siempre es Su misericordia.  Dios es amor.  El no puede actuar de otra forma.  Dios no está buscando oportunidades de castigarnos, sino de bendecirnos.  El espera que nosotros nos posicionemos en humildad, en fe y en obediencia. 


Una de las razones que Dios nos da una profecía es para que tengamos algo a que aferrarnos cuando viene la tormenta, una espada con que vencer cuando hay una batalla.  Y las batallas ciertamente vendrán.  Pero si Dios nos lo ha dicho, entonces vale la pena seguir adelante en fe.


Aun a veces aunque hemos todo bien, Dios permita que nuestra fe sea probada.  Pues, la fe no tiene valor si no ha sido probada.  Y la única forma de probar la fe es por medio de una situación prolongada que es más grande que nuestra habilidad.  Precisamente en esos tiempos cuando se siente que Dios está lejos, la verdad es que El está muy presente y vigilando sobre Su Palabra para llevarla al cumplimiento… en Su tiempo y a Su manera.  


En esos tiempos tenemos que recordar las profecías y promesas que Dios nos ha dado y militar la buena milicia con las profecías que nos han sido dadas (1ª Tim. 1:18).   Porque ese versículo nos indica que el ladrón, el diablo, quiere robarnos de la promesa por medio de una alianza de temor con él.  Por eso, tenemos que nunca dudar ni soltar de las promesas de Dios porque sus promesas son sí y en El amén.  Sus promesas son la Verdad que nos hará libres si los podemos creer.


El propósito de los exámenes es positivo.  Dios, Espíritu Santo, nos está enseñando.  El es un Buen Maestro.  Lo mejor.  Y este Maestro tiene un amor sublime para nosotros.  Por eso la Palabra de Dios nos indica que a Dios nuestra fe probada es más preciosa que el oro (1ª de Pedro 1:6-7).  


Cristo sabe cómo es vivir como un hombre en este mundo y sufrir.  El se puede compadeserse con nuestras debilidades (Hebreos 4:14-16).  Por eso nos ha dado Su Palabra, palabras de vida, promesas seguras si las podemos creer aun más en los tiempos difíciles.


Las pruebas son cosas positivas para enseñarnos áreas en nuestros corazones que necesitan crecer, madurar, ser limpiados, ajustados, santificados, desarrollados, etc.   


Cuando usted hace todo para oír la voz de Dios, y todavía Dios no le conteste, entonces sigue usted haciendo las cosas básicas, las primeras cosas: crea y confiese Su Verdad, siguiendo creyendo en Su Amor y confiando en El.  El diablo nunca podrá vencernos si hagamos las primeras cosas.  Y Dios siempre asegurará que tenemos lo que necesitamos para hacer el siguiente paso. 


Es cierto que a veces el tiempo de Dios no es lo nuestro. Yo he encontrado que en medio de una prueba, El no me da todas las respuestas que busco. Porque un buen maestro nunca da las respuestas a un alumno que está tomando un examen.  Si usted se encuentra en una prueba y aunque ora no encuentra las respuestas, ¡regocíjese!  Porque los exámenes no duran para siempre.  Las pruebas no son para castigarnos, sino para enseñarnos lo que hemos aprendido.  Los exámenes son algo positivo y tienen un fin.  Y después del examen, gracias a Dios, ¡hay vacaciones!  Hay bendición, un refrigerio del Señor.  También hay promoción al próximo grado para podamos continuar aprendiendo, creciendo y madurando. 

Yo creo que todo creyente pasará por su tiempo en el desierto.  También creo que Dios es un Maestro tan bueno que no nos va graduar al próximo nivel antes de que seamos listos y preparados.  En el próximo nivel hay gigantes nuevos que conquistar.  Si no hemos aprendido bien los fundamentos, ¿Cómo vamos a tener victoria sobre tales gigantes? 


Los hijos de Israel permanecieron cuarenta años en el desierto – la mayoría de ese tiempo estaban quejando, dudando a Dios y murmurando.   Dios les permitió quedarse ahí hasta que tuvo una generación que creía que podían conquistar a Canaán.  Jesús estuvo en el desierto solamente cuarenta días.  Jesús sabía como responder en tiempos difíciles.  Respondió de acuerdo con lo que Su Padre había dicho en la Palabra.  Yo creo que nuestro tiempo en el desierto puede ser determinado por la manera que respondemos a las pruebas.  Podemos escoger cuarenta años o cuarenta días.  ¿Cuál escoge usted?  Sus promesas se cumplen por medio de nosotros y nuestra confesión de fe.  Dios busca que nosotros nos ponemos de acuerdo con lo que Él ha dicho y que nosotros decretemos aquí en la tierra las cosas que El ha decretado en los cielos.  Así desatamos la voz de Dios que lleva poder para provocar cambios.


2ª Corintios 1:20  - porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

Así peleamos la buena batalla de la fe usando los misiles poderosos de la palabra de Dios, el logos de Dios. 


1ª Timoteo 6:12 - Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.


Cuando Pablo escribió a Timoteo para hacer su buena profesión, uso una palabra griega muy interesante.  Es la palabra homologeia.  Homologeia viene de dos palabras combinadas:  “homo” y “logeia”.   “Homo” significa tomar dos cosas y formarlas en una sola cosa.  De esta palabra sacamos el término “leche homogenizada.”  También lleva el significado de formar un acuerdo o un pacto.   La palabra “logeia” es una forma de la palabra “logos” que es la “Palabra” o el “Verbo” de Dios (Juan 1:1).   Se refiere a la Palabra de Dios, las Santas Escrituras y a Jesucristo mismo. 


Lo que Dios quiere que hagamos durante la prueba, aun cuando las cosas parecen ser difíciles, es que formemos un pacto, un acuerdo con lo que Él ha dicho, con Su Palabra y que declaremos y confesamos con plena confianza y fe de lo que Él ha dicho es la verdad.  Así podemos asegurar que estamos manteniendo el pacto con Dios mismo.   Cuando estamos convencidos de que Dios no miente, y que Dios cumple lo que promete, entonces no será difícil hacer eso.  Cuando no hay una batalla, no necesitamos levantar las armas.  Dios nos dio Sus Palabras, la profecía para usar como un arma de guerra, militando la buena milicia para ver la victoria y la profecía cumplida.


A veces las situaciones no cambian de inmediato.  Hay que tener perseverancia.  Una piedra grande no siempre se rompe con un solo golpe del martillo.  Jeremías 23:29 dice, “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?”  ¡Sigue dando golpes al enemigo!  Sigue martillando, confesando, profesando, creyendo, declarando y obedeciendo hasta ver la piedra hecho pedazos, hasta ver todas las profecías cumplidas.  


Ahora, más que nunca, en medio de la prueba, es tiempo de aferrarnos de las promesas de Dios.  Dios está moviéndose de una forma nueva.  Dios ha escuchado el clamor de Su Pueblo.  El ha escuchado los gemidos de la tierra misma que ha sufrido bajo maldiciones.  Este es el día de cumplimientos.  Pero tenemos que estar posicionados en fe, en confianza y viviendo según Sus principios del pacto. 


Renuncie todo temor, toda duda, y comience a decretar las promesas de Dios.   La prueba es para un tiempo corto.  Pronto amanecerá el sol de justicia con sanidad en sus alas.  ¡Este es un nuevo día!