domingo, 16 de octubre de 2016

ESCUELA MINISTERIAL ANTIOQUIA MODULO II LECCION II: LA ALABANZA Y ADORACION AL REY (JUAN 4:23-24)

Lección #2: Creando mi devocional diario II:
La alabanza y adoración al Rey:
 Juan 4:23-24:
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Muchas personas hablan de la adoración. Se habla de adorar a Dios, se habla de tener una relación con Dios, pero a la hora de la verdad, no se demuestra. La adoración es un acto y un proceso. En el acto de la adoración nos reunimos para honrar y reverenciar a Cristo a través de ciertos patrones y tradiciones. Además, en el acto, hay un proceso de adoración. Dicho en una forma más sencilla, esto se refiere a nuestro discipulado: la etapa de la madurez, en la cual pasamos del egocentrismo al Cristo centrismo. Lo que importa no es dónde se rinde culto, sino la disposición de la mente y el corazón. La verdadera adoración no es una mera fórmula o un ceremonial, sino una realidad espiritual que está en armonía con la naturaleza de Dios, que es Espíritu. La adoración debe ser también en verdad, o sea, transparente, sincera y de acuerdo con el mandato bíblico. Se estaba haciendo el paso de batón de la ley, que especificaba un lugar en específico, a la gracia, que especifica nuestro corazón.
La palabra adorador (proskuneo G4352), hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar), implica el acto de cuando el perrito lame la mano del amo en señal de servicio fiel todo el tiempo sin condiciones. Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar. Se usa de un acto de homenaje o de reverencia. En este verso la que se usa es proskunetes (G4353), en referencia a la persona que lo hace.
Pero va mucho más lejos de esto. La alabanza es cuando un río trae sus aguas en sus propios cauces, corriendo por su propio canal, y la adoración es cuando este río crece y se sale de su cauce inundando todo nuestro ser, cubriéndonos de sus aguas frescas. Por eso es que dice que El busca adoradores, no adoración, porque la adoración El la recibirá como quiera, ya sea por la naturaleza que nos rodea, ya sea por lo que sucede a diario o como sea. Pero si la damos tiene que ser un acto genuino, no de falsedad, sino de corazón. Esta no busca la presencia de Dios, está consciente de ella, la vive en la plenitud, la altura, la profundidad, anchura y extensión de la alabanza. Es vaciar nuestra mente de todo pensamiento externo y llenarlo del interno, el que viene de Dios, de lo que fluye de nuestro espíritu a nuestro amado Padre Celestial, por medio de su hijo amado y a través de la unción de su Espíritu Santo. Perdernos en la selva del Trino Dios y quedarnos ahí, admirando su hermosura.
El Salmo 113:3 dice: Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová. Alabad: Este salmo, y los cánticos de Aleluya que siguen, eran entonados en dos partes (113–114 y 115–118) en cada lugar donde se celebraba la Pascua. Es al canto de la segunda parte a la que se refiere Mateo 26.30, poco antes de la crucifixión de Jesús. Estas palabras están tomadas de la oración de Ana en 1 Samuel 2.5. Polvo y muladar son símbolos de la más absoluta pobreza, como habla en el verso 7.
Dios es Espíritu significa que el espacio físico no lo limita. Está presente en todo lugar y puede adorarse en cualquier lugar, a cualquier hora. No es dónde adoramos lo que cuenta, sino cómo adoramos. ¿Es nuestra adoración en espíritu y en verdad? ¿Tiene la ayuda del Espíritu Santo? ¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo en la adoración? El Espíritu Santo intercede por nosotros (Romanos 8.26), nos enseña las palabras de Cristo (Juan 14.26) y nos ayuda a sentirnos amados (Romanos 5.5).
Tenemos que hacer un compromiso con la adoración, te garantizo que nuestras vidas no serán iguales, será prosperada por encima de sus afanes. Seremos llevados a un lugar donde no habrá más llanto de lamentación, sino de gozo, no habrá más dolor, porque lo que nos rodea no nos importara, solo desearemos estar a solas con nuestro Padre Celestial.
A. La santidad en la adoración (Salmos 96:9):
1. ¿Por qué santidad para adorar? Pareciera quizás una pregunta muy básica para quienes llegan a picar los cinco o más años en el evangelio, pero la experiencia cristiana es las más rica de cualquiera de todas las que pudiesen almacenarse en la vida y ella nos invita una y otra vez a meditar aún en las cosas más básicas de las que aprendimos en las escuelas bíblicas cuando comenzamos a gatear en el evangelio. ¿Por qué santidad para adorar?, aunque con pocas palabras se podría resumir la respuesta (¡EL ES SANTO!), creemos que sería más provechoso platicar más extensamente sobre el tema para hacer una lista de las implicaciones que trae hacerlo de forma diferente y señalar las conquistas que se obtienen cuando es a la manera de Dios; es decir, en santidad.
En la escritura tenemos un texto que ha sido ocasión de confusión cuando es leído, pues hemos oído a muchos citarlo de esta forma: Adorar a Jehová en la hermosura de su santidad, cuando es Adorar a Jehová en la hermosura de (la) santidad, de manera que el Espíritu Santo inspiró esta letra dando a entender que la adoración requiere de una situación favorable frente a la presencia de Dios, que la forma en la cual nos presentamos a Dios para adorar debe cumplir ciertos requisitos. Textualmente se está hablando de condición espiritual del adorador.
Volvamos al versículo que nos inspira en esta sección. Anteriormente indicábamos que la interpretación sencilla y llana de este era tangencial con la idea de presentarnos a Dios favorablemente en el acto mismo de la adoración. La manera en la que nos presentamos delante de Él afectará la calidad de nuestra adoración, decía David Jehová, ¿quien habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?´, y después de esta interrogante planteaba unos cuantos requisitos morales que podríamos resumirlos en la palabra Santidad. Citemos algunos: integridad y justicia, honradez, amor al prójimo, etc. (Sal 15: 1-5). La condición que traigamos a sus atrios o al altar del sacrificio propiciará u obstaculizarán nuestro oficio en el santuario. Nuestro Señor Jesucristo lo ilustró de esta forma: ´ Por tanto si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar , y anda y reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presente tu ofrenda (Mateo 5:23-24). Algunas reflexiones cerca de esto; primero la ofrenda a Dios en el altar representa una forma de adoración porque a través de ella es posible reconocer su señorío y preeminencia y aceptar su soberanía. Segundo Jesús deja ver claramente que en este acto no es la ofrenda la que da significado a la adoración, sino dijera que tanto la ofrenda como el ofrendarte no debían tener espacio en su altar, sin embargo dice: deja allí tu ofrenda delante del altar. No es difícil interpretar entonces que no es la ofrenda en sí, sino la condición espiritual del adorador. Una vez que este, está en condiciones, entonces todo intento será aceptado, dice el texto: reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda; donde la frase presenta tu ofrenda da la idea de que hay garantía de que la adoración sea reconocida como genuina al haber una conciencia limpia, señal legítima de Santidad.
En la antigüedad, ningún súbdito osaba ir delante del Rey con una imagen que no reverenciara o reconociera su autoridad, relevancia o prominencia. Se consideraba una falta grave presentarse desaliñado y en algunas cortes esto era causa de muerte instantánea. De manera que la apariencia del súbdito ante la corte, le hacía merecedor de la atención del Rey o de su desaprobación, los ademanes debían de reconocer y aceptar su poder dinástico. ¿Acaso no es lo que dice el salmista: ‘Adorar a Jehová en la (hermosura)?’ Como podemos ver la santidad hermoseará al creyente, la santidad crea una imagen diferente ante la presencia de Dios, somos compatibles con la aspiración de Dios cuando somos hermosos en su presencia; la Biblia nos enseña que no podremos ver Dios en una condición que difiera de lo que El ES: Sin santidad nadie verá al Señor. Por tanto, el texto nos indica que ante nuestro Rey debemos presentar agradables así como era una obligación en la antigüedad; nuestro rostro debe de mostrar reverencia, aceptación, humildad, reconocimiento, sumisión: ADORACION.
2. Cuando nos presentamos sin santidad ¿que sucede?
¿Es posible adorar sin santidad?, creo que hasta aquí hemos visto que hay un signo de igualdad entre santidad y adoración, más que eso hay una relación de causa y efecto: hay santidad, hay adoración. La adoración es resultado de la santidad. Por tanto no todo el que se presenta en el altar adora a Dios, no toda ofrenda en el altar representa la adoración a menos que el ofrendarte mismo lo represente. En estos últimos tiempos Satanás a metido en nuestras congregaciones bajo la palabra liturgia ciertas prácticas de adoración que no responden a la legítima adoración; estas en vez de reconocer a Dios representan costumbres humanas y responden a una eficacia enmascarada, es por eso que nuestras Iglesias hoy se ven más impedidas de expresar ante Dios sus afectos y defectos, sus emociones y sentimientos, su reconocimiento y aceptación. Pasemos pues a comentar algunas de las consecuencias de presentarse a Dios sin santidad para ofrecer la adoración.
a. El complejo: La adoración. La presentación a Dios nos hace mirarnos tal y como Dios nos ve, una adoración legítima nos da una perspectiva correcta de quienes somos en Dios, pero una adoración defectuosa por falta de santidad entonces nos pondrá en contacto con nuestra condición de pecado, David en su oración de confesión decía: lávame mas y mas de mi maldad y límpiame de mi pecado, porque mi pecado esta siempre delante de mí. El Espíritu Santo nos hace consciente de nuestras transgresiones cuando venimos a adorar para que tratemos primeramente estas deficiencias antes de ofrecer el sacrificio. Pero es aquí, donde se corre el peligro de sentirnos acomplejados por nuestro pecado. No enfrentar esta realidad de forma constructiva nos lleva a procesos psíquicos muy difíciles, analicemos el primero de ellos.
El complejo es una de las reacciones internas provocadas cuando intentamos adorar sin Santidad. Es producto de la valoración de nuestra condición y su relación con la culpabilidad. Mientras más culpable nos sentimos, más complejo experimentamos en nuestro interior y claro está, nos presentamos ante el mundo como personas introvertidas, deprimidas, retraídas y enajenadas. Este asunto de la culpabilidad es solucionado con nuestra santidad. Si hay santidad, no nos sentimos culpables. Si hay santidad, no nos afecta el dedo crítico del maligno. Si hay santidad, nuestra conciencia está limpia, por tanto no hay condiciones para que aparezca este germen tan dañino en la intimidad del cristiano. ¿Que sucede entonces cuando experimentamos tal proceso? La adoración deja de ser un momento de disfrute, ya no es un oficio sublime y comienza a tornarse como la actividad más deprimente del cristiano que experimenta tal condición psicológica.
b. Cinismo: He aquí, un pariente del complejo y un hijo más de la falta de santidad en la adoración. El cinismo no es más que la simulación de la fe auténtica que experimenta un cristiano. Es un subproducto del complejo, una persona acomplejada que siente rechazo de su propio interior hacia la realidad captada desde sí mismo, reaccionará ofreciendo un simulacro hacia sí mismo y hacia quienes lo ven vivir. A partir de ahí, deseamos ser y nuestro simulacro nos impide serlo, nos esforzamos por mostrar lo que no somos y es entonces cuando aparece otro dañino proceso que adiciona más dolor a nuestras almas y nos sumergen en un interminable circulo vicioso, la falta de autenticidad. Lo peor de la falta de autenticidad es que el individuo lo práctica y a la vez lo experimenta, es entonces cuando comenzamos a herir nuestras reservas de autoestimas y poco a poco se agota lo único que tenemos verdadero de nosotros mismos, nuestra valoración propia. ¿Se podrá adorar en tales condiciones? Reiteramos que todo ello es producto de nuestra condición deteriorada ante Dios, la falta de santidad.

c. Frustración: Nuestro último subproducto del complejo y el cinismo en acción es la frustración, una reacción psíquica del individuo cuando se percata que no es posible alcanzar las metas propuestas. He aquí la mayor consecuencia de todo lo que hemos tratado, todo aquel que se acerca a Dios, lo hace con el mayor deseo de encontrarle, de experimentar de El la bendición y su misericordia, pero experimentando las difíciles situaciones de complejo y cinismo, se hace imposible llegar a cumplir nuestra meta que se resume en la palabra adoración. Si no alcanzamos la meta más sublime de todas las metas (Adorar), se experimenta la frustración más cruel de todas las frustraciones. La frustración nos coloca ante el más deprimente contraste de todos los contrastes: estamos conscientes de nuestras metas y la imposibilidad de alcanzarlas, basta decir aquí para completar el cuadro oscuro, que ello lleva al individuo al deterioro de su fe, si es que hasta aquí aún quedaba alguna reserva. Es abandonado todo deseo de lucha y es sumergido en las más despiadadas fauces; la de la depresión.
d. Algunas cosas más: Como consecuencia de todo esto, el individuo comienza a experimentar reacciones tales como:
1. Aspiraciones inconclusas: Nuestras aspiraciones espirituales nunca las sentimos concluidas y comenzamos a ser nuestros propios jueces precisamente cuando menos condiciones tenemos para ello. Es lógico sentir que nada de lo que hacemos está bien cuando lo principal para nuestra alma está en decadencia: nuestra adoración. Esto trae consigo que echemos manos de vías no espirituales para lograr nuestras metas, he aquí la explicación de la falta de contenido de nuestros cultos de adoración en los templos. Enfrentamos la actividad espiritual desplazando al Espíritu Santo por nuestras dotes de inteligencia, carisma, manipulación, capacidades intelectuales, etc. Mientras hacemos estas cosas, es casi imposible darse cuenta que estamos haciendo castillos en el aire y haciéndonos creer a nosotros y a los demás que el pueblo de Dios adora.
2. Pérdida de sensibilidad: he aquí una de las proporciones finales de todo lo que hemos comentado. El corazón experimenta tal endurecimiento entonces y es imposible reaccionar positivamente cuando el Espíritu Santo nos hace consciente de nuestra situación, no poseemos recursos espirituales para emerger de la situación en la cual nos encontramos. Segundo, el estar lejos de Dios y cerca de sus cosas produce bochorno: ¨ Con labios me honran pero su corazón está lejos de mi ¨.
B. Características de la adoración:
Cualquiera que sigue las órdenes bíblicas para adorar pronto exhibirá características bíblicas que son discernibles. Estas incluyen:
1.      La adoración exclusiva a Dios.
2.      El amor a Dios con todo el corazón.
3.      Una dependencia del Espíritu Santo.
4.      Un enfoque a la alabanza gloriosa.
5.      Un equilibrio entre la seriedad y el entusiasmo.
6.      Evitar el pecado.
7.      Una concentración en la unidad y el orden.
C. La responsabilidad de cada creyente:
Hoy es un nuevo día, y están surgiendo adoradores vibrantes por todas partes. La adoración de corazón fluye de una comprensión del sacerdocio real y una disposición a concentrarse, a involucrarse y a disciplinarse durante el acto de la adoración. Como Jack Hayford ha dicho, hoy el Espíritu Santo está dirigiendo nuestro destino a una adoración sacerdotal que despeja el avance del Reino A medida que nuestra respuesta aumenta en los cultos de adoración, concentrándonos en Jesús y su gloria, llegamos a armonizar. En un ambiente unánime y de común acuerdo, el Señor se mueve con libertad, tanto entre nosotros como a nuestro favor. Los adoradores, una vez renovados, reciben poder para desbordarse en el nombre del Salvador.
Sin embargo, tenemos una función para abrir este mundo de posibilidades. Necesitamos negar cualquier perspectiva casual y abrazar con fervor nuestra responsabilidad particular como sacerdotes en cada culto de adoración al que entremos. Debemos planear con anticipación —llegar con un cuadro mental característico—, al lugar que liberará nuestro recién hallado papel como sacerdotes reales.
Es fácil articular el papel del pastor o líder de adoración. El pastor llega al culto de adoración con una palabra de Dios para la gente. Ha orado, estudiado, preparado y está listo para nutrir, amonestar, edificar y/o aumentar la visión. También el líder de adoración se prepara. Él o ella, con los músicos, arregla el ambiente musical, lo ensaya y lo prepara en comunión con el Señor. Como fruto natural de su preparación, el pastor y su equipo se afinan para entrar en alabanza y adoración.
D. Como prepararse para una reunión de adoración:
Los refranes son dichos que contienen pensamientos motivadores. Algunos son humorísticos. Otros son obstinados y te retan. Uno muy bueno para comenzar un día es este: Fallar al planear es planear fallar. Planear es una aventura saludable, repleta de reciprocidad, porque el planeamiento afecta tanto al presente como al futuro. Planear es poner en movimiento una serie de circunstancias de manera ordenada. Una vez ordenadas, las posibilidades de éxito, pese a la aventura entre manos, son obviamente más grandes que si uno no ha planeado.
1. El planeamiento da resultados.
Es interesante para mí, como líder de adoración, observar la capacidad de la gente para transferir aprendizaje. Algunas personas planean adorar, llegando a la iglesia preparados. Otros parecen estar preocupados y no perciben el potencial existente en un culto. Por ejemplo, un individuo que tiene éxito en los negocios puede considerar la asistencia a la iglesia en forma casual. A su trabajo llegan temprano y preparados a cabalidad. Se concentran. Se dedican a la tarea. El sobre tiempo no es problema. Se les puede oír decir: «Cerremos el trato, ¡cueste lo que cueste!» Pero la adoración en la iglesia de alguna manera se vuelve estereotipada, arrumada a una categoría inferior. Tal actitud puede resumirse de esta manera: «Si estoy aquí hoy, está bien, pero mi prioridad, en verdad mi identidad, es mi trabajo». Pero espero. A fin de cuentas, ¿qué es más importante?
Un trabajo dura una temporada, un proyecto un día, mientras que la adoración penetra la eternidad cada vez que entramos con alabanzas y avanza hacia una vida para siempre. Prepararnos para nuestra adoración es captar una verdad: entrar en el concepto neo-testamentario del sacerdocio real de los creyentes. Los sacerdotes, en la economía del Antiguo Testamento, se preparaban (1ª Pedro 2:5,9). Este verso condiciona nuestro llamamiento, de modo que preparémonos para todo encuentro sacerdotal. Los creyentes con éxito, vibrantes y productivos planearán la adoración mucho antes de llegar a la banca el domingo en la mañana o a su célula. Adaptarán hábitos que saben son productivos para ellos, a su estilo de vida como discípulos de Jesús. Por ejemplo, lo que un empleado aprende de su medio ambiente de trabajo puede utilizarse específicamente. Debajo de cada una de las cosas que siguen, tome sus propios y firmes hábitos de trabajo y adáptelos a su adoración en la iglesia:
a. Llegar a tiempo a su trabajo.
b. Llegar preparado a las reuniones.
c. Hablar articuladamente.
d. Ceder la ocasión al supervisor.
                  e. Percatarse de las necesidades de aquellos con quienes usted trabaja.
f. Dar todo su tiempo, honestamente, sabiendo que habrá recompensa.
2. Entender el rol de cada creyente como un Sacerdote Real:
Antes de que Cristo viniera a la tierra, los adoradores del Antiguo Testamento se acercaban a Dios por medio de un sacerdote del orden mosaico. La comunión con Dios y el perdón de pecados estaban ligados al sacrificio de animales. Las leyes respecto a la conducta del adorador en el templo eran específicas, con asombrosos castigos por la desobediencia o la negligencia. (Números 3:10). La muerte de Cristo acabó con la necesidad del sacerdocio del Antiguo Testamento. El restauró el sendero para que la humanidad hallara perdón, comunión y una relación eterna con Dios, porque su sangre sirvió como propiciación por nuestros pecados. Por consecuencia, podemos entrar a la presencia del Padre celestial directamente. Ya no necesitamos el papel de mediador o de abogado de un sacerdote terrenal. Es más, ahora somos todos llamados a actuar como sacerdotes, bajo Jesús mismo, nuestro gran y único Sumo Sacerdote (Hebreos 5.5–11). Como sacerdocio real (es decir, de la realeza), y percatándonos de que podemos acercarnos a Dios directamente, tenemos ahora ciertas responsabilidades relativas a la vidas que dirigimos (Juan 14:6).

3. Recomendaciones practicas:
Una manera de llegar a ser consecuente en la adoración es prepararse para la ocasión. Una buena manera es la siguiente:
a. Dése una buena noche de descanso antes de la adoración. Tenga cuidado con los estímulos la noche anterior. Otro refrán: «Basura entra, basura sale». ¿Quién quiere imágenes carnales distrayendo nuestro enfoque en el día del Señor? Prepare su corazón, como ya hemos estudiado.
b. Ore de antemano. Sostenga los brazos de su pastor. Invoque la presencia y bendición del Señor sobre la reunión.
c. Santifique su camino. En lugar de soñar despierto o discutir, edifique un altar en su vehículo. Ponga música de adoración. Involucre a la familia en oraciones breves.
d. La adoración puede fácilmente ser distraída por la ansiedad. Ninguno de nosotros quiere que los asuntos temporales controlen nuestra atención, mientras estamos en el culto de adoración.
Determínese a tomar la iniciativa. No espere a que alguna otra persona estimule su respuesta a la adoración; acepte su responsabilidad y póngala en acción. ¿No es eso la esencia de la madurez, aceptar la responsabilidad por su conducta? La motivación es un acondicionamiento mental que a la larga se convierte en hábito.
4. Fases de la Adoración en Grupo:
A. Fase I: Invitación:
1.      Concienciar a cada persona en la reunión a que se prepare para adorar al Señor.
2.      Invitar al Señor a participar en la Reunión.
3.      La selección de cantos es muy importante porque ello establece el tono inicial de la reunión y dirige la atención de las personas hacia Dios.
4.      Los problemas del grupo, las oraciones contestadas, los invitados presentes, todas estas ideas deben reflejarse en la invitación.
B. Fase II: Conexión:
1.      Es el tiempo de entrar juntos en contacto con Dios.
2.      En esta fase alabamos a Dios por lo que Él es, a través de la música y la oración.
3.      Expresiones de adoración, amor, alabanza, júbilo, intercesión, petición surgen espontáneamente.
4.      La oración y la adoración se entremezclan.
C. Fase III Expresión:
1.      El grupo se dirige a un lenguaje más amoroso e íntimo.
2.      La adoración produce meditación, y la confesión de nuestras faltas fluye espontáneamente.
3.      En esta fase nos hacemos plenamente conscientes de su presencia.
4.      Alabanza por sus obras, gozo alegría y sus expresiones externas.
D. Fase IV Visitación:
1.      Corresponde a un punto de espera para que el Señor responda mediante la salvación, liberación, santificación, sanidad.
2.      Los dones espirituales se activan.
3.      Lectura de la Palabra inspirada por Dios.
4.      Exhortación.
E. Fase V Generosidad:
1.      Debemos entregar toda nuestra vida; Dios pasa a ser el propietario de todo.
2.      Le entregamos a Dios el control de nuestros dones, talentos, posesiones, para que El los multiplique.
3.      Dar nuestros cuerpos.
4.      Intercedemos por otros.
5.      Damos nuestros diezmos y ofrendas.
6.      Hacemos actos de misericordia.
7.      Damos nuestro tiempo para ganar a otros para Cristo.      

E. Preguntas de la lección:
1.      ¿Qué significa ser un adorador?
2.      Menciona 3 características de la adoración.
3.      Menciona 3 hábitos buenos en la planificación de la adoración.
4.      Expón en tus propias palabras como tú eres un sacerdote.
5.      Menciona 2 buenas recomendaciones para comenzar a adorar.
6.      Explica 1 de las fases de la adoración.
7.      Autoanalízate: Menciona como puedes mejorar tu faceta de adorador.

8.      Ejercicio: Comienza la mañana en tu oración cantando 1 cántico de adoración al Señor, sea que lo escribas o lo sepas. También cuando estés en tu célula o en el templo, enfócate tú en la adoración directa al Señor como persona, sin importar lo que pasa a tu lado. Mira el fruto en tu persona al mes de tomar estos cambios.