martes, 8 de agosto de 2017

El espíritu del profeta: Samuel Andres Goyzueta Figueredo

El espíritu del profeta;
Son hombres y mujeres de Dios para los tiempos de crisis.
"Una extraña raza que vive en soledad, que no genera aplausos pero sí incomodidad"
L. Ravenhill

Son aquellos que están dispuestos a morir por hablar la verdad, a ser procesados por 20 años y predicar por 6 meses; cárceles, persecución vituperio y aflicción cargan sus lomos, pero sus cabezas cargan aceite y sus manos fuego de Dios.
Siervos(as) que no les interesa la comodidad sino la santidad; que no se mueven por la voz de las personas y la inclinación de multitudes, sino por palabra del Espíritu Santo.
Hombres y mujeres que cada día destruyen su corazón en oración no llevados por la emoción sino por el arrepentimiento y la transformación.
Siervos(as) que no comulgan con intereses de hombres ni con su pecado, sino con los planes de Dios y la integridad.
Hombres y mujeres que fueron llamados a no agradar los oídos de las personas, sino obedecer la voz de Dios. A descubrir el pecado, a descubrir a los lobos vestidos de oveja y destruir los planes satánicos.
Llamados a ungir a los menospreciados y sin posición, a orar por los enfermos y tocar leprosos; siervos(as) apartados para restituir la santidad de la Iglesia.

Hombres y mujeres que no les interesa la fama, ni el reconocimiento, sino la humillación y la eternidad.
Siervos(as) que sepan completar los padecimientos de Cristo.
Hombres y mujeres que no quieren aplausos sino cargar en silencio Su cruz.
Siervos(as) capaces de morir a sus sueños para vivir los de Dios, encaminando a la Iglesia al arrepentimiento y no a la emoción.
Hombres y mujeres capaces de renunciar a todo por la unción del Espíritu, con rodillas deformadas por causa de la oración, pero con un corazón formado a la imagen de Jesucristo.
Los profetas son una raza escasa, que cada cierto tiempo el Señor levanta para emitir sobre la Casa de Dios juicio y restauración, una raza de hombres y mujeres que tiemblan ante Dios, pero se paran frente a reyes y príncipes para hablar las verdades, una raza perdida en Presencia del Señor, pero encontrada en la mirada de Cristo con el solo propósito de traer la Gloria de Dios a la Iglesia.
Oro al Señor para que Dios levante hombres y mujeres que se pongan de pie sin temor, y como antaño digan a esta generación:
ASÍ DICE EL SEÑOR!