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lunes, 23 de noviembre de 2015

La vida hogareña de Juan y Carlos Wesley

http://www.elcristianismoprimitivo.com/HogarWesley.htm

Como introducción a esta serie, hay que decir que falta mucho en la vida familiar de los cristianos de hoy. El hogar debe ser un refugio ante las tentaciones del mundo y los pecados. Debe ser un lugar donde reine el amor de Dios; lleno de paz y gozo. Pero, tristemente, no son así la mayoría de los hogares cristianos. Los padres discuten entre sí, casi nunca se sientan juntos todos de la familia para comer a la misma mesa, faltan miembros de la familia en muchos de los cultos públicos de la iglesia y un tiempo diario de culto familiar falta en muchos hogares.
Pero, Dios quiere cambiar todo esto. Y para animar a los padres en el quehacer ante esta falta, se les da estas "Historias del Hogar" de cristianos muy conocidos. Tengo que decir que tal vez no fueran buenas todas las doctrinas y prácticas de las personas quienes se escriben. De igual modo, las denominaciones mencionadas no fueran siempre rectas en cuanto a sus doctrinas y prácticas. Sin embargo, podemos aprender de los puntos correctos y desechar lo demás.

Juan y Carlos Wesley

¿Qué cristiano no conoce estos nombres?
Aunque la mayoría de los lectores de este libro no fueran metodistas, pienso que una gran parte ha oído hablar de ellos. Durante un vuelo en avión, hablaba con un metodista, y le dije: "Bueno, no soy metodista, pero quiero amar y servir a Dios cómo Juan Wesley lo hizo; él es uno de mis personajes ejemplares".
Durante las primeras décadas del siglo XVIII, Inglaterra estaba muy abatida espiritualmente. De hecho, estaba en uno de sus estadios más bajos. Pecado del tipo más feo abundaba en cada nivel de la sociedad, y parecía que no había esperanza que la Iglesia pudiera despertar y parar su deslizamiento hacia la iniquidad. Sin embargo, igual como Dios proveyó a Ana en los días de Israel, así hubo una "señora elegida" en Epworth, Inglaterra, llamada Susana Wesley, quien se preocupó por sus hijos. Sin saberlo ella, Dios le guió a criar a un profeta y a un salmista, los que juntos despertarían a la nación, y además, al mundo entero.
Eso sucedió hace trescientos años y todavía sus voces claman en el cristianismo del siglo XXI. ¿Qué predicador no ha usado un dicho o un ejemplo de la vida de Juan Wesley? ¿Qué asamblea de cristianos no ha cantado uno de los himnos de Carlos? El impacto de las vidas de estos dos hombres es inmedible. Es claro que Dios en su previo conocimiento iba guiando y velando sobre el entrenamiento de ellos. En este estudio se quiere indagar sobre la vida hogareña de Samuel y Susana Wesley, padres de Juan y Carlos.
Meditando sobre la herencia de estos dos hombres, mi corazón se afierra a una de las promesas de Dios, tocante a nuestros hijos. Se encuentra la misma en Isaías 59:21, y fue escrita en el contexto del adversario, el que ataca la piedad. Es una promesa a los que dejaran atrás al pecado.
El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre."
¡Qué hermoso modo de pelear contra los enemigos de nuestro Dios! Tres generaciones de gente que no pondrían a un lado las verdades de Dios. ¡Qué nosotros también nos aferremos al poder de esta estrategia! Queda claro que el diablo lo entiende, y que pelea con todas sus fuerzas para detenerlo.
Estudiando las genealogías de las dos ascendencias, de Juan y Carlos, encontramos un carácter noble en las dos. Ambos linajes tuvieron personas que trabajaron en la obra de Dios, en la Inglaterra de aquellos tiempos. Y cada generación siguiente fue impactada en esto. Las controversias acerca de las prácticas de la "alta" iglesia, la no-conformidad y el estado espantoso de la iglesia en general fueron candentes. En el comedor tuvieron charlas extendidas acerca de los mismos temas. El abuelo de Samuel, cuando murió estaba muy triste a razón de las persecuciones que él y otras personas de su familia habían sufrido. Un tío de Samuel, llamado Juan, fue cazado como un zorro, fue echado a la cárcel varias veces y al fin murió de una enfermedad que las mismas persecuciones le provocaron; a los 34 años de edad. Se dijo que Juan el hijo de Samuel fue imagen de Juan, el tío de su padre, por su fogoso celo y energía.
En el linaje del lado de la madre, encontramos el mismo caso. El padre de Susana, el Sr. Annesley, fue muy conocido como predicador puritano. Sirvió en varias iglesias anglicanas hasta que las controversias acerca de la no-conformidad se levantaron. Luego, se retiró de la iglesia-estado y se hizo puritano. Esto le costó mucho y tuvo que luchar constantemente durante sus 30 años siguientes. Muchos consideraron a este hombre igual al apóstol Pablo, y su forma de vida muestra claramente que era un puritano de mucha influencia. Por todo esto los padres de Juan y Carlos heredaron una gran carga acerca del avivamiento. La misma carga fue heredada a los hijos. Y, una vez entendido que Dios quería un avivamiento y una reforma en la iglesia, Juan y Carlos se pusieron a la obra de todo corazón.

El padre de Juan y Carlos

Samuel Wesley fue predicador en el pueblecito de Epworth, en la iglesia anglicana. Anteriormente había vivido en diferentes lugares; pero, en Epworth fue dónde Juan y Carlos se criaron. Samuel fue un hombre de disciplina y celo, regularmente estuvo bien firme en sus propias opiniones. Esta situación le provocó persecuciones y problemas que bien pudieron ser evitados, si se hubiere ocupado en la humildad. Con todo, las persecuciones que sufrió la familia prepararon a los hijos para las mismas, pues las sufrieron en el futuro. Y, el ejemplo paciente de su padre en los sufrimientos fortaleció a los hijos también.
Un rasgo que él y su esposa tenían en común fue la tenacidad en cuanto a no echar por tierra sus convicciones; y parece ser que los hijos heredaron lo mismo. Los dos valoraron el orden en su forma de vida; y así mismo fueron conocidos los hijos, por sus vidas ordenadas. Estudiando el hogar de los Wesley, se nota que la tenacidad de los padres a veces les causó problemas, pues cualquier pareja dogmática que viva junta tendrá diferencias entre sí. Pero, a pesar de esto, no desistiendo en nada, la madre se dio a la tarea de criar a sus hijos y a manejar la casa de Samuel.
Samuel fue autor y pastor, y a consecuencia de las frecuentes visitas que hacía, estuvo muy ocupado. Pues fue compasivo, se dio a conocer por sus numerosas visitas a las cárceles. Pagó los costos de su educación universitaria, viviendo felizmente en la pobreza a razón de esto.
También, fue poeta, escribió poesía y prosa en el transcurso de su vida. Ninguna de sus obras perduró, pero algunos de sus hijos recibieron el mismo don; y Carlos sobresalió en éste, escribiendo miles de canciones. Sin duda el talento de Carlos fue inspirado al ver a su papá trabajando hora tras hora en sus propias obras. Oh, ¡la sabiduría de Dios, es inescrutable!
Parece ser que Samuel tuvo sueños y visiones que quería llevar a cabo, pero no pudo realizarlos. Concibió el plan de mandar misioneros a China, India y a todos los territorios británicos, ofreciendo que él y su familia se irían para guiar la obra.
Quizás debe considerarse a Samuel como un profeta en cierto sentido. En sus últimos días profetizó acerca del surgimiento de un avivamiento, diciéndoles a sus hijos: —Ustedes lo verán, pero yo no.
Para concluir, debo añadir lo siguiente: Samuel no era un padre de primera clase. Sin embargo, su hogar fue conocido por doquier como uno de los más piadosos de su tiempo. Sin duda que él ayudó a tal reputación.

La madre de Juan y Carlos

Susana se crió en un ambiente piadoso. Su papá, por ser muy usado por Dios, les trajo muchas bendiciones a sus hijos. Según los registros, el hogar Annesley tuvo 22 hijos. Los tiempos fueron serios, y Susana maduró temprano, escuchando conversaciones sobre asuntos espirituales. Fue una apasionada estudiante, y aprendió el griego, latín y francés cuando aún era joven. Sus libros de estudio fueron la Biblia, teología y los escritos de la iglesia primitiva. A razón de los tempestuosos tiempos en que creció, luchaba en sí misma con profundos asuntos espirituales, mientras que muchas de sus compañeras jugaban con muñecas. Sin duda que Susana fue una muchacha distinguida" devota, pensativa y llena de virtudes cristianas. Muchos historiadores la llaman "la madre del metodismo" a razón de sus definidos métodos en cuanto a la crianza de niños.
"La balanza" describe bien su carácter, una mezcla de benignidad, disciplina, sobriedad y gozo. Consagró una hora cada mañana y tarde para estar a solas con Dios, orando y meditando.
Como madre, le dio 18 hijos a su marido, Samuel. De esos, ocho murieron infantes. Es difícil imaginarse la agonía de enterrar a ocho preciosos pequeñitos.

Los métodos de Susana

Hay muchas biografías acerca del hogar de los Wesley. Estos, en su mayoría, pintan la vida hogareña de Samuel y Susana como casi perfecta. Pero, las biografías pueden ser incompletas, especialmente si se refieren a una persona tan conocido como Juan Wesley. Aunque el respeto humano tiene tendencias hacia esto, "la sabiduría es justificada por sus hijos."(Mt. 11:19)
La prueba del hogar Wesley son los beneficios que el mundo recibió por medio de Juan y Carlos. Resulta patente que hubo algo en su niñez que les ayudó. Todos los registros demuestran que Susana era la figura prominente en la crianza de los hijos en el hogar de los Wesley. Su educación, dones de organizar y firme personalidad, junto con el hecho que Samuel era un hombre muy ocupado en otras cosas, pusieron a Susana al frente de las cosas hogareñas. Vemos una mujer que derramó su vida en la crianza de sus hijos, con un firme propósito. Estudiemos cómo este propósito se manifestó en métodos prácticos sobre la crianza de niños.

* Una vida ordenada y programada.

Susana razonó sobre el provecho que tiene una vida disciplinada. Por esto, poco tiempo después de nacer, cada hijo empezó un bien sistematizado programa de crianza. Había un tiempo para dormir, un tiempo para comer, un tiempo para despertar, etc. Se esforzaba para desarrollar tales hábitos en la vida y memoria de cada hijo. Se aplicó esto aun hasta para los tiempos de descanso de un bebecito. Ella dedicó tal esfuerzo en esto que el bebé se dormía a la hora deseada: sin llorar o pelear. Igualmente, se aplicó este principio al tiempo para alimentar al bebé.
Tales disciplinas fueron empleadas para poder tener más orden hasta en el tiempo ocupado en los quehaceres del hogar. Ella pensaba que era necesario que cada hijo estuviera en su lugar. Todo fue puntual: las oraciones, el desayuno, la escuela, tiempos de quietud, el descansar, el culto familiar, etc.; todo según el reloj. Claro, había tiempos cuando las providencias trastornaban todo, pero siempre volvió a su familia al orden. La estabilidad y seguridad que este principio produce en la vida y desarrollo de un niño son tremendas. Susana prosiguió estas metas sin desviarse, porque vio la sabiduría escondida y los efectos que aprovecharían de esto sus hijos.

* Guió los apetitos de los hijos.

Susana sabía que si un hijo no aprendía a controlar sus apetitos, los mismos lo controlarían a él, posiblemente para el resto de su vida. A razón de esto, hizo estrictas reglas en cuanto al comer. Asimismo, entrenó a sus hijos a comer comidas que no les gustaban y a tomar bebidas de sabor feo. El tomar medicina tenía dos razones— ayudar a la salud del niño, y a enseñarles a soportar lo indeseable. No permitió comer entre los tiempos establecidos para las comidas, pues consideraba esto como mal hábito. Sí, comieron dulces, pero tales cosas como esas, consideradas lujo, fueron vigiladas cuidadosamente.

* El hogar se mantuvo quieto.

Los hijos no deben controlar el ambiente de un hogar. Hay tantos quehaceres que cumplir diariamente, y para el provecho de todos, el hogar tiene que estar calmado y quieto. Susana creyó y puso en práctica esto, entendiendo los beneficios que cada hijo ganaría si la misma cualidad se llegara a poner en práctica en ellos. Hay un refrán que dice; "Siempre hablando, nunca aprendiendo." A la edad de un año, los hijos de los Wesley habían aprendido a llorar quietamente. Lo mismo fue enseñado usando medidas positivas y negativas. Así, la casa no tuvo mucha bulla de un niño llorón; algunas personas dieron testimonio que era un hogar donde no se sabía si había niños en casa, a razón del ambiente calmado. De igual modo, los niños fueron enseñados a estar quietos durante las oraciones familiares, y así dar una señal de bendición al final de éstas, en vez de estar hablando.

* Hay que conquistar la voluntad del niño.

Éstas eran las palabras de Susana y están colmadas de poderosa sabiduría. Dijo ella también: "Me esfuerzo por capturar la voluntad de un hijo desde su temprana edad y trato de cuidarla hasta que el niño la entregue a Dios. Este es el único, fuerte y razonable cimiento de una educación, sin la cual, ni precepto ni ejemplo tendrá efectos."
La voluntad del hombre es el centro de su vida religiosa. Si no la rinde a sus padres, le será mucho más difícil rendirla a Dios, y, todo entrenamiento en cuanto a la vida doméstica y a la vida espiritual será frustrado. Entonces, este principio es de suma importancia; hay que adquirirlo lo antes posible. Una relación amorosa, junto a la apropiada aplicación de la vara y la persistencia, te dará los deseados resultados en tu propio hogar.

Una escuela bien ordenada en el hogar

Así describió Susana su método sobre el educar a los hijos. Durante veinte años invirtió seis horas diarias a esta tarea santa. En sus últimos años, escribió a su hijo Juan sobre la intención de enseñar en el hogar, en términos bien definidos: "Hay muy pocas personas que dedicarían los mejores veinte años de su vida para salvar las almas de sus hijos." Por medio de estas palabras y por la manera en que dirigió la escuela, podemos saber que formuló más que una mera educación académica.
Por medio de su influencia, cada hijo recibió una pasión de aprender y de vivir en la justicia. El tiempo de la escuela empezó y terminó cada día con cantos, y cada hijo aprendió a leer con la Biblia como único libro de texto. A las cinco de la tarde, Susana dividió a la familia en pares, un hijo que podía leer con otro que no podía. Luego, se leyó el Salmo del día y un capítulo del Nuevo Testamento. Además, Susana escribió tres libros para ocuparlos en su escuela: A Manual of Natural Theory (Un manual de teoría natural), An Exposition of the Apostles' Creed (Una explicación del credo apostólico) y An Exposition of the Ten Commandments (Una explicación de los diez mandamientos).
Cada tarde escogió a uno de sus hijos e invirtió tiempo charlando con él sobre temas espirituales. Hermanos: ESTO es el supremo secreto del porqué del fruto de Juan y Carlos. ¡Qué ejemplo de una madre dedicada! Se negó a sí misma de una vida social “normal” para invertirla en la crianza de sus hijos. Diez de los 18 hijos sobrevivieron hasta ser adultos, y todos ellos se entregaron al Señor. Y, al momento de sus muertes, todos estaban “en el Señor”. Hay mucho que aprovechar en todo esto.
Es verdad que Susana tenía unas empleadas para ayudarla en la casa, pero recordemos que ellos vivieron antes de la invención de las comodidades modernas.

Moldear un carácter piadoso

Edificar el carácter (la fuerza moral y ética), fue una de las razones de la enseñanza en el hogar. Cada hijo necesita fe que produzca obras prácticas. Observando este hogar, se hace patente que Susana planeaba y llevaba a cabo muchas actividades que edificarían tal virtud en la vida de sus hijos. ¿Cuáles fueron las herramientas que ocupaba para realizar esto? Bueno, la respuesta es fácil. Pues vivían en un pueblecito con cultivos alrededor, había muchos quehaceres. Cuidar los animales, ordeñar las vacas, sembrar las huertas y otros trabajos semejantes proveían buenas oportunidades para enseñar a los hijos sobre el carácter. La constante pobreza del hogar igualmente proveyó muchas ocasiones para entrenarles. En cuanto a la moralidad, a los niños se les enseñó que la mentira es un vicio, y debemos cuidar nuestros compromisos. Susana enseñó a sus hijos que no recibirían castigo con la vara si confesaban sus errores a tiempo.
Se ha estudiado la vida ordenada del hogar anteriormente. Sin embargo, vale la pena mirarla otra vez en cuanto al carácter. La repetición de buenas acciones crea buenos hábitos. Así, tener tales acciones programadas en buen orden, diariamente, es de tremenda ayuda. Según el libro de Eclesiastés (capítulo 3), todo tiene su tiempo. En una vida hogareña bien ordenada, hay tiempo para que cada hijo lea la Biblia, limpie su cuarto, ordeñe la vaca, etc. Así, un niño crecerá cumpliendo tales quehaceres, sin pensar que lo mismo es anormal. ¿Ves el valor de esto?

Un ambiente de amor en el hogar

Todo lo escrito anteriormente puede parecer como algo grave y difícil, si lo miramos como un solo evento. Pero hay que considerar al lubricante que hace que toda esta maquinaría corra bien: el amor. Este amor es el amor "ágape", el amor sacrificado, y en el hogar de los Wesley el mismo prevaleció como el primer espíritu. Susana fue una madre muy afectuosa. No era como un sargento del ejército, que demanda la obediencia sin amor. Muchas personas de su tiempo testificaron que su hogar era el más cariñoso de todos. De hecho, los niños de Susana, al ver los sacrificios de ella, casi la hacían un ídolo. La disciplina mezclada con el amor, creó un vínculo entre la madre y los hijos que fue muy hermoso ver. El carácter benévolo y amable, mezclado con las muchas horas que les invirtió, hizo que los corazones de los hijos estuvieran llenos de honor y respeto para ella.
Susana permitió tiempos para que los hijos pudieran jugar, sonreír y hacer bulla, como es normal para los niños. Y esto es de igual importancia en los demás puntos de un hogar, porque no se puede tener sólo la estricta disciplina, sin el amor. Tienen que fluir del uno al otro, y volverse otra vez. Esto se llama "balance". De igual modo, no se puede tener sólo amor, sin la disciplina. Los resultados de esto son bien graves también.

El fruto de Susana Wesley

Según muchos historiadores, "Susana Wesley es la madre de la iglesia metodista." Empezando la búsqueda de materiales para este estudio, se encuentra una y otra vez tales palabras. Y, tengo que decir que reaccioné un poco al leerlas, pensando que los biógrafos no decían la verdad. Pero después de invertir muchas horas estudiando a esta mujer extraordinaria, me he arrepentido. Hay abundante verdad en las mismas palabras.
¿Por qué? Porque si se estudia el movimiento metodista, se aclara que ella tuvo varias características que hicieron que el mismo movimiento tuviera una fuerza potente en Inglaterra y Norteamérica. A continuación se dan algunas de esas características:
* Una vida personal santificada
* Un vida personal con devocionales
* Un odio al pecado y a la injusticia
* Una vida ordenada
* Un avivamiento en las disciplina cristianas (la oración, el ayuno, etc.)
Bien se puede aumentar la lista con varios puntos más, pero estos bastan para este objetivo, que es el mismo objetivo al que hacen referencia los historiadores acerca de Susana. Observando la lista, vemos el objetivo: los puntos anotados son los mismos, los que Susana ocupaba en la enseñanza de sus hijos. Los primeros metodistas recibieron este nombre de parte de sus críticos, al pensar que había muchos métodos en la forma de vida de Juan, Carlos y sus compañeros. Así fue como los llamaron metodistas, burlándose de ellos. Pero Juan y Carlos simplemente pusieron en obra los principios que recibieron de su mamá, acerca del hogar, y se las enseñaron a sus feligreses.
Juan sobresalió en la organización y administración de las sociedades metodistas. ¿De dónde le provino esto? Aunque Carlos también predicaba, él sobresalió escribiendo himnos. ¿De dónde le provino tal habilidad?
Entonces, leyendo todo esto, ¿qué piensas tú? ¿Fue Susana una madre que pasó sus días enseñando a sus hijos algo que no valdría la pena? Por supuesto, la respuesta es "no". Ella fue guiada por Dios a criar una familia piadosa, en un tiempo de mucha impiedad. Dios la usó para que formara dos vasijas escogidas, preparadas para el uso del Maestro. Ella se entregó en las manos de Dios y sacrificó veinte años en el entrenar, castigar, leer, orar y amar.
Los resultados todavía se muestran por todos lados, y en muchos lugares la voz de ella y de sus hijos se escucha; aún hoy en día.




jueves, 12 de diciembre de 2013

Biografias de hombres y mujeres de Dios: Maria Woodworth-Etter


1. LOS DOLOROSOS COMIENZOS
María nació el 22 de Julio de 1844 in New Lisbon, Ohio. Fue la cuarta hija de unos granjeros, Samuel y Matilda Underwood, y de niña padeció la angustia de tener un padre alcohólico y un hogar sin Cristo.
Cuando María tenía diez años de edad, su padre se convirtió, y empezó a asistir a la Iglesia y a orar por su familia. A los trece años de edad María fue a la Iglesia y se conmovió cuando escuchó el mensaje de salvación. Desde ese entonces, ella escuchó el llamado de Dios para servir como predicadora del mensaje de salvación, pero se convenció a sí misma que esto no podía ser, a menos que se convirtiera en la esposa de un misionero, porque en esa época las mujeres solas no podían predicar y ni siquiera podían votar. Hoy sabemos que ese fue su primer gran error, porque Dios siempre pasará por encima de todas las circunstancias para cumplir Su propósito en aquellos a quienes Él mismo ha llamado.
María no pudo continuar sus estudios porque su padre murió y ella tuvo que trabajar para aportar al sostenimiento de la familia, y en medio de su tribulación conoció al joven soldado John Woodworth, quien regresaba de la guerra civil norteamericana. Aún sin ser cristiano, María se casó con él y trabajaron juntos en la granja en medio de penurias y dificultades. Tuvo seis hijos y murieron cinco de ellos, lo cual trajo mucho dolor a su vida. Solamente sobrevivió su hija Lizzie.
En medio de esta vida, Maria recordaba su llamado a servir al Señor y cada vez lo veía más lejos de la realidad, como un sueño imposible de cumplir, porque su esposo se resistía y rechazaba lo relacionado con el llamado de ella y vivía muy amargado. También tenía oposición en la Iglesia en que se congregaba, porque allí no aceptaban mujeres en el púlpito.
A pesar de la vida miserable que estaba viviendo, en la que nada de lo que hacía prosperaba, María nunca renegó de Dios, ni levantó su voz contra el Altísimo, sino que empezó a estudiar con hambre y sed la Palabra de Dios, y descubrió que el Señor sí usa a las mujeres en Su obra. Especialmente se sintió impactada por la profecía de Joel, Capítulo 2, al ver que Dios usará tanto a hombres como mujeres, a jóvenes, a niños y también a los ancianos.

2. EL MINISTERIO
María se dio cuenta que ya no podía seguir inventando excusas para huir del llamado de Dios. Empezó a tener visiones y a sentir dolor por las almas que se perdían en el Infierno. Ella decía que en cada visión que Dios le daba, aprendía tanto de la Biblia como si hubiera pasado muchos años de enseñanza en el Seminario Bíblico.
Dios le dio visiones en las que Jesús le decía: “Ve y yo iré contigo”. También le prometió en una visión que cuando ella predicara, las personas caerían. Todo esto la llevó a rendirse finalmente ante el llamado de Dios y le pidió que la ungiera con el Espíritu Santo. Este fue el punto decisivo para iniciar su ministerio.
Cuando ella le pidió a Dios el bautismo del Espíritu Santo inmediatamente lo recibió como “fuego líquido”, según sus propias palabras, y ese fuego siempre la acompañó por el resto de su vida.
La primera reunión evangelística que dirigió fue en su propia casa, con sus familiares, y desde ese momento se hizo evidente el poder de Dios sobre su vida a través de las señales y prodigios que fueron siempre las marcas de su ministerio. Luego, empezó a predicar más allá de su propia comunidad, empezó a hacer Campañas Evangelísticas y los Pastores de muchos lugares la invitaban porque querían que la predicación de ella avivara sus Iglesias.
Dios le prometió que cuando ella abriera su boca para predicar, Él la llenaría con Sus palabras. Esta promesa se cumplió literalmente: en sus reuniones muchas personas no podían soportar el poder del Espíritu Santo y la convicción de pecado y salían corriendo, gritando, porque querían recibir a Cristo en sus corazones. Ella disfrutaba de una profunda comunión con Dios, y esa vida de intensa oración se reflejaba en sus servicios.
El ministerio de María Woodworth creció aceleradamente, miles de personas venían a sus Campañas Evangelísticas y cada vez crecíamás la unción. Empezaron a suceder increíbles sanidades en su ministerio; la gente caía al piso bajo el poder de Dios: María quedaba quieta por varias horas mientras tenía poderosas visiones de Dios; a veces se sacudía, temblaba y rodaba por el piso, como resultado de la fuerza incontenible del poder de Dios que se manifestaba sobre ella. Hablaba en lenguas, algo que no se veía en su generación, y ministraba a sus oyentes el Bautismo del Espíritu Santo, dieciocho años antes del inicio del Movimiento Pentecostal. Por todo esto, a Maria Woodworth se le conoce como la “Precursora del Movimiento Pentecostal”.
Muchas personas eran salvas en sus reuniones, inclusive líderes y ministros de las diferentes Iglesias; otras personas eran sanadas milagrosamente; otras caían como muertas al suelo y allí duraban horas; algunas personas tenían visiones que transformaban para siempre sus vidas y sus familias.

3. VENCIENDO LA OPOSICIÓN
Debido al gran impacto de su ministerio, y a las manifestaciones emocionales que se veían en sus cultos, muchos detractores empezaron a ridiculizarla, pero ella no se defendía sino que continuaba con más fuerza haciendo lo que Dios la había llamado a hacer. En su concepto, las manifestaciones del Espíritu Santo no eran nada nuevo, sino algo que la Iglesia de Jesucristo había perdido durante mucho tiempo. Y respecto de los detractores decía: “Cuando las personas no comprenden, persiguen”. Como resultado de la persecución, su ministerio creció mucho más. Llegó a predicar en reuniones de más de 25.000 personas y ¡SIN MICROFONO! .
Pero el enemigo siguió atacando y golpeó con fuerza en su propio hogar: su marido le era infiel y eso salió a la luz pública durante una Cruzada que María realizaba en Oakland, California. Ella decidió abandonarlo y se divorciaron en Enero de 1891; un año después él se casó de nuevo y comenzó a calumniar publicamente el ministerio de esta sierva de Dios, pero casi inmediatamente murió de fiebre tifoidea (en junio de 1892). Una gran muestra del carácter verdaderamente cristiano de Maria Woodworth se evidencia en el hecho que, a pesar de la tormentosa relación con su ex – esposo, ella asistió al funeral y oró en el servicio.
Otro hecho que fue muy controvertido en su ministerio fue cuando en 1890, profetizó que la Costa Oeste de los Estados Unidos sería destruida por una gran catástrofe. Muchos Pastores y Ministros estaban a favor de ella y otros en contra. Los periódicos sensacionalistas publicaban todos los días diferentes versiones y muchas mentiras, lo cual instigó a personas violentas que eran miembros de pandillas y empezaron a atacar sus servicios de milagros en Oakland. Sin embargo, a pesar de toda la burla y el rechazo, su palabra profética se cumplió en 1906 cuando la ciudad de San Francisco sufrió el más grande y terrible terremoto que ha afectado la Costa Oeste en toda su historia.

4. TIEMPOS DE REFRIGERIO
Diez años después de su divorcio, conoció a quien se convertiría en su esposo, Samuel Etter, un cristiano fiel, lleno del Espíritu Santo, con quien se casó en 1902. Con este hombre de Dios, Maria disfrutó la felicidad de un matrimonio cristiano, recibiendo de él todo el apoyo que necesitaba para el ministerio y el amor y cuidado que nunca había tenido. Samuel Etter murió doce años después de su matrimonio.
Después de cuarenta y cinco años de ministerio predicando en Campañas itinerantes por todos los Estados Unidos, Dios le dijo que abriera una sede permanente en Indianapolis y ella construyó el templo, que fue llamado Tabernáculo, al lado de su casa. Este templofue inaugurado en mayo de 1918 y en él ministraría Maria Woodworth los últimos seis años de su vida.
En sus últimos días la llevaban de su casa al Tabernáculo, sentada en una gran silla de madera. Ella oraba e imponía las manos sobre los enfermos y éstos se sanaban. Algunos sanaban con su sola presencia. Ella decía que predicaría hasta el final de sus días porque “Es mejor gastarse por Jesús que herrumbrarse”.
A mediados de 1924 murió su hija Lizzie y, a pesar del dolor y de su salud deteriorada, María dirigió el funeral. Con este triste episodio, María Woodworth terminó de enterrar a toda su familia y poco tiempo después, cuando ya había cumplido ochenta años, ella misma partió con el Señor a su hogar en el cielo.
Hoy es considerada por muchos cristianos como la más grande mujer Evangelista en la historia de la Iglesia.

Biografias de hombres y mujeres de Dios: Smith Wigglesworth


Smith Wigglesworth fue sin duda uno de los hombres de Dios más ungidos que vivieron en los tiempos recientes. El fue conocido como el “apóstol de la fe”, y si alguien merece ser descrito como “lleno de fe y del Espíritu Santo”, fue él. El vivía y caminaba continuamente en la presencia de Dios. Y los milagros que acompañaron su ministerio fueron de la clase que se ha visto raras veces desde los días de los apóstoles. Personas nacidos ciegos y sordos, mutilados, deformados por enfermedades, otros al umbral de la muerte con cáncer u otra enfermedad – todos fueron sanados por el poder de Dios. Aun muertos fueron resucitados.

Nacido en 1859 en pobreza, Smith Wigglesworth se convirtió por medio de los metodistas a la edad de ocho años. Ya entonces tenía hambre de Dios, y hambre de ver almas convertidas. El participaba en el coro de la iglesia episcopal local. “Cuando la mayoría de los niños en el coro tenían doce años, tenían que ser confirmados por el obispo. Yo no tenía doce años, sino entre nueve y diez, cuando el obispo puso sus manos sobre mí. Puedo recordar que cuando él me impuso sus manos, tuve una experiencia similar a la que tuve cuarenta años después cuando fui bautizado en el Espíritu Santo. Mi cuerpo entero se llenó de la conciencia de la presencia de Dios, una conciencia que permaneció conmigo por varios días. Después del servicio de confirmación, todos los otros niños estaban hablando groserías y peleándose, y yo me asombraba por lo que había hecho una diferencia entre ellos y yo.

Más tarde, Wigglesworth fue bautizado por inmersión por los bautistas. Pero recordemos que todos sus años tempranos de ministerio y de buscar a Dios fueron mucho antes del avivamiento de la “Calle Azusa” y del movimiento pentecostal. Smith tenía hambre por Dios, y experimentó muchos nuevos niveles de unción bastante antes de experimentar el bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas. El ya fue conocido por su ministerio de sanidad, y había visto a Dios moverse con gran poder, bastante tiempo antes de que se hablara acerca de la nueva experiencia pentecostal. No como nosotros hoy que empezamos con el bautismo en el Espíritu como nuestra primera unción verdadera, para Smith esto fue la culminación de años de buscar a Dios, y por tanto fue mucho más cerca a una verdadera investidura con “poder de lo alto” como en el Nuevo Testamento.

Smith Wigglesworth dice: “Yo recibí la enseñanza Bíblica fundamental entre los Hermanos de Plymouth. Marché bajo la bandera de sangre y fuego del Ejército de la Salvación, y allí aprendí a ganar almas al aire libre. Recibí la segunda bendición de la santificación y un corazón puro bajo la enseñanza de Reader Harris y la Liga Pentecostal. Reclamé el don del Espíritu Santo por fe mientras esperaba por diez días ante el Señor. Pero en Sunderland, en 1907, me arrodillé ante Dios y tuve una experiencia de Hechos 2:4…” (p.119) El describe esta experiencia así: “Ella (la señora Boddy, esposa de un ministro) puso sus manos sobre mí y después tuvo que salir de la habitación. El fuego cayó. Fue un tiempo maravilloso mientras yo estuve allí a solas con Dios. El me bañó en poder. Fue una conciencia de la limpieza por la sangre preciosa, y exclamé: ‘¡Limpio! ¡Limpio! ¡Limpio!’ Fui llenado con el gozo de la conciencia de la limpieza. Me fue dada una visión en la que vi al Señor Jesucristo. Contemplé la cruz vacía, y le vi a El exaltado a la diestra de Dios el Padre. Ya no pude hablar en inglés, pero empecé a alabarle en otras lenguas como el Espíritu de Dios me lo dio a pronunciar. Yo supe entonces, aunque yo había recibido unciones anteriormente, que ahora, por fin, yo había recibido el verdadero bautismo en el Espíritu Santo como ellos lo recibieron en el día de Pentecostés.

Después de esta experiencia, nada pudo parar a Smith Wigglesworth. El era una llama para Dios, y el fuego cayó dondequiera que iba. El dijo: “Creo que los ministros de Dios deben ser llamas de fuego. Nada menos que llamas. Nada menos que instrumentos poderosos, con mensajes ardientes, con corazones llenos de amor. Ellos tienen que tener una PROFUNDIDAD DE CONSAGRACIÓN, que Dios se haya encargado completamente de su cuerpo, y que existen únicamente para manifestar la gloria de Dios. Un bautismo en la muerte, en la que la persona es purificada y activada…” El tenía ciertamente una audacia, un atrevimiento, que raras veces se ha visto en la cristiandad en los tiempos modernos. Fue común para él anunciar en sus reuniones: “Cada sermón que Cristo predicó fue precedido por un milagro ejemplar. Nosotros seguiremos Su ejemplo. La primera persona en este público grande que se ponga de pie, no importa cuál sea su enfermedad, yo oraré por esta persona y Dios la librará.” – Y la primera persona que se paraba, aunque era el mutilado más deformado, ¡se sanaba!
En otra ocasión típica, un hombre con dolor del estómago vino adelante por oración, y Wigglesworth, ordenando al dolor que se vaya, golpeó al hombre en el estómago de manera que retrocedió hasta la mitad del auditorio – ¡completamente sanado! Wigglesworth creía en ORDENAR a los enfermos a ser sanados en el nombre de Jesús. Su fe era una fe agresiva, santa. El era un hombre “violento”, tomando terreno del enemigo con fuerza. Sin embargo, él era también un hombre de gran compasión, como también de gran autoridad. ¡El diablo ciertamente lo sentía cuando Smith Wiggleworth llegó a la ciudad!

Varias personas fueron literalmente resucitados de la muerte bajo el ministerio de Smith. Este es el relato de una ocasión: “Mi amigo dijo: ‘Ella está muerta.’ El tenía miedo. Yo nunca en mi vida había visto a un hombre con tanto miedo. ‘¿Qué puedo hacer?’, preguntó. Pensarás que lo que hice fue absurdo, pero alcancé la cama y jalé a la mujer. La cargué a través de la habitación, la paré contra la pared y la mantuve parada, porque estaba completamente muerta. Miré su cara y dije: ‘En el nombre de Jesús reprendo esta muerte.’ – Desde la coronilla de su cabeza hasta la planta de sus pies, su cuerpo entero comenzó a temblar. ‘En el nombre de Jesús te ordeno que camines’, dije. Repetí: ‘En el nombre de Jesús, en el nombre de Jesús, ¡camina!’, y ella caminó. Esta mujer no solamente fue resucitada de la muerte, sino fue también instantáneamente sanada de una enfermedad terrible. Empezó a testificar a la gente acerca de su experiencia de muerte y restauración. Se ha documentado que Smith Wigglesworth resucitó a un total de 23 personas durante los años de su ministerio.

Una vez que Smith esperaba en el paradero del bus, una mujer tenía un problema con su perrito que le había seguido y no quiso volver a casa. Primero ella intentó hablarle suavemente y pedirle que vaya a casa. Pero después de un tiempo de intentar esto en vano, la mujer de repente pisó fuertemente con su pie y dijo severamente: ‘¡Anda inmediatamente a casa!’ El perro se fue inmediatamente, con la cola entre las patas. “Así es como hay que tratar al diablo”, dijo Wigglesworth a voz alta para que todos los que esperaban allí lo pudieran oír. Y esta fue su actitud hacia el diablo, en cada momento. El literalmente viajó por el mundo entero en las décadas de 1920 y 1930, y miles fueron salvos y sanados en todo lugar adonde iba. A menudo llegaba a un lugar sin que se sabía y sin ser anunciado, pero dentro de pocos días se amontonaban miles para escucharlo, porque el poder de Dios que fue demostrado en sus reuniones era tan grande. Dios fue realmente glorificado en todo lugar donde él iba.

El era un hombre que caminaba y vivía en la misma presencia de Dios. Sin embargo, en muchos aspectos era un hombre muy natural y común. Y nunca tenía miedo de emitir una reprensión extraña y severa. Su objetivo era estar en una comunión constante, ininterrumpida con el Padre. En sus años tempranos había pasado horas y días buscando a Dios fervientemente; pero más tarde, “aunque su vida era una combinación de oración y alabanza incesante, y cada una de sus palabras y obras era un acto de adoración, sin embargo no era dado a períodos prolongados de ayuno y oración. En lugar de ello, él había aprendido el secreto de estar en una comunión continua, íntima con Dios (a veces retirándose quietamente en sí mismo para este propósito), aun cuando estaba en medio de una multitud de gente. El caminaba por fe, y estaba “en el Espíritu” todo el tiempo. Este fue un secreto vital de su éxito. El dijo: “Hay dos lados de este bautismo: El primero es, tú posees el Espíritu; el segundo es que el Espíritu te posee a ti.” (Vea “La vida de Smith Wigglesworth”, por Jack Hywel-Davies.) El había contado el costo, y todo pertenecía a Dios. El era un hombre que realmente comprendía la AUTORIDAD PIADOSA, y CAMINABA en ella por la fe. El dijo: “‘Sed llenos del Espíritu’, o sea, sed ATESTADOS del Espíritu, tan repletos que no quede lugar para ninguna otra cosa.” Esta fue la manera como él vivía. Lleno de audacia, lleno de atrevimiento, “lleno de fe y del Espíritu Santo.”

En una ocasión, él recuerda: “Estuve viajando a Cardiff en el sur de Gales. Yo había estado mucho en oración durante el viaje. El vagón estaba lleno de gente de quienes yo sabía que no eran salvos, pero había tanta conversación y bromas que no pude decir ni una palabra a favor de mi Maestro. Cuando el tren se estaba acercando a la estación, me fui a lavar las manos, y cuando regresé, un hombre saltó sobre sus pies y dijo: ‘Señor, usted me convence de pecado’, y cayó sobre sus rodillas allí mismo. Pronto toda la gente en el vagón estaba exclamando de la misma manera. Ellos dijeron: ‘¿Quién es usted? ¿Qué es usted? Usted nos convence a todos de nuestro pecado.’…” (Stanley Frodsham, ‘Smith Wigglesworth, apóstol de fe’, p.80). Este episodio me hace recordar mucho a otro evangelista audaz, franco y ungido – Charles G.Finney, quien había descubierto después de un poderoso bautismo del Espíritu Santo unos años antes, que incluso unos comentarios pasajeros que él hacía, atravesaron el corazón de la gente con convicción del pecado. El fue uno de los predicadores de avivamiento más grandes de todos los tiempos. (Murió en 1875.)

Smith Wigglesworth puso un gran énfasis en pureza y santidad, como todos los verdaderos predicadores de avivamiento. El dijo: “Cada día tienes que llegar a un plano más alto. Tienes que negarte a ti mismo para progresar con Dios. Tienes que rechazar todo lo que no sea puro y santo. Dios quiere que seas puro en tu corazón. El quiere que tengas un deseo intenso de santidad… Son dos cosas que harán que saltes fuera de ti mismo y dentro de las promesas de Dios hoy. La una es la pureza, y la otra es la FE, que es avivada más y más POR LA PUREZA. Esta declaración contiene probablemente el secreto clave del éxito extraordinario de Smith Wigglesworth en Dios. Y es obviamente una clave que nosotros también debemos recordar. Otro punto a recordar es que Smith estaba muy consciente de los peligros del dinero, y se cuidaba a sí mismo mucho contra cualquier avaricia. El era verdaderamente irreprochable también en esta área.

Yo creo que Smith Wigglesworth fue algo como un “precursor” directo de la clase de ministerios que se levantarán en nuestros días. Creo que los ministerios apostólicos que traerán avivamiento verdadero en estos últimos días, combinarán la fe atrevida que obra milagros, de un Smith Wigglesworth, con la prédica de arrepentimiento que convence en lo más profundo, de un Charles Finney. Y se moverán bajo una unción poderosa que combina lo mejor de ambos tipos de ministerio. ¡Qué días gloriosos serán estos! – Smith Wigglesworth murió en 1946 a la edad avanzada de 87 años, una llama de Dios hasta el final. Que él sea un ejemplo para todos nosotros.

Biografias hombres y mujeres de Dios: John G. Lake




John G. Lake nació el 18 de marzo de 1870, en Ontario – Canadá, en un hogar de 16 hijos. Posteriormente, la familia se trasladó a los Estados Unidos, en donde él creció. Padeció muchas enfermedades desde niño al igual que todos sus hermanos, y cuando llegó a la adolescencia ya habían muerto cuatro de sus hermanos y cuatro de sus hermanas.
Lake escuchó el evangelio a la edad de dieciséis años en una reunión del Ejército de Salvación, entregó su vida a Cristo y poco después empezó a congregarse en la Iglesia Metodista. Desde ese momento le entregó a Dios toda su carga, y creyó que solo Él podría sanarlo; sin embargo, continuó sufriendo una enfermedad tras otra.
Una de las enfermedades que más lo afectó en su temprana juventud fue el reumatismo, pues sus piernas crecieron torcidas y su cuerpo se veía contrahecho. En esa condición, escuchó acerca del ministerio de sanidad de John Alexander Dowie, y decidió viajar a Chicago para que oraran por él. En ese servicio de oración un anciano le impuso las manos, e instantáneamente Lake fue sanado y sus piernas se enderezaron.
Desde ese día John G. Lake entendió que Dios no quiere que sus hijos estén enfermos y propuso en su corazón que no se volvería a resignar ante el espíritu de enfermedad y muerte que afligía a su familia (su hermano era inválido; su hermana estaba muriendo de cáncer de seno y otra hermana sufría de hemorragia severa).
Al primero que llevó a los servicios de John Alexander Dowie fue a su hermano, quien había sido inválido por 22 años. Él fue sanado tan pronto le impusieron las manos. Luego fue sanada su hermana del cáncer que padecía, desapareció la masa que tenía en el seno y también desapareció el dolor que la atormentaba.
A su otra hermana no la alcanzó a llevar al servicio de sanidad porque la encontró en su casa, sin pulso y sin rastro de vida en su cuerpo.
Inmediatamente le escribió un telegrama al Pastor Dowie diciendo: “Parece que mi hermana está muerta, pero en mi espíritu no la dejaré ir. Creo que si usted ora, Dios la sanará”, y el Pastor Dowie le respondió a través de otro telegrama: “Aférrese a Dios. Estoy orando. Ella vivirá”. Cuando llegó esta respuesta, Lake empezó a orar con fuerza por la vida de su hermana, Dios respondió, y ella fue sanada totalmente en el transcurso de la siguiente hora.

UN VUELCO TOTAL
En 1893 se casó con Jennie Stevens de Newberry – Michigan, a quien amaba profundamente y con quien tuvo siete hijos. El matrimonio fue muy feliz, porque se complementaban en todas las cosas. En especial, su esposa era una maravillosa intercesora y una sabia consejera. Sin embargo, la felicidad familiar se vio ensombrecida desde el segundo año de matrimonio porque Jennie empezó a sentirse enferma, y antes de cumplir los cinco años de casada ya le habían diagnosticado tuberculosis y una enfermedad mortal del corazón. Su condición llegó a ser muy grave, y ocasionalmente perdía el conocimiento y la encontraban tendida en el piso.
En abril de 1898 la situación era angustiosa para John G. Lake, porque su esposa estaba deshauciada y prácticamente inválida. Este fue el momento crucial de su vida la vida. Sus amigos lo consolaban para que aceptara con resignación que ella muriera; sin embargo, él encontró en la Biblia: "Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazareth, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él." (Hechos 10: 38). En ese momento entendió que la enfermedad proviene del diablo y no de Dios. Con una fe renovada llamó y telegrafió a todos sus amigos (incluyendo a John Alexander Dowie), para que oraran de común acuerdo pidiéndole a Dios que Jennie se sanara al día siguiente a las 9:30 a.m. ¡Y al día siguiente, a las 9:30 a.m., él oró a Dios y abrazó a su esposa, y ella fue sanada instantáneamente!
A partir de ese suceso, los Lake se hicieron famosos, muchas personas los visitaban para ver con sus propios ojos la sanidad de Jennie. Aunque John G. Lake no se dedicó inmediatamente a la obra de Dios, si guardaba en su corazón un genuino llamado al ministerio. Continuó trabajando en los negocios bursátiles y de seguros, en los que tenía mucho éxito, pero mantuvo una vida de comunión con Dios y de servicio en la obra de Dios, principalmente orando por los enfermos.
En 1906 recibió el Bautismo del Espíritu Santo, mientras oraba por una persona enferma, y desde ese momento el llamado de Dios se hizo tan fuerte en su vida que en 1907 vendió todo lo que tenía e hizo un voto de consagración junto con su esposa, para dedicarse únicamente a predicar el Evangelio. Dios les dijo a John y a Jennie que debían ir al Africa y ellos empezaron a prepararse. Se unieron al Predicador Tom Hezmalhalch, en un ministerio en el que oraban por el bautismo del Espíritu Santo, ministraban sanidad, y echaban fuera demonios. En enero de 1908 empezaron a reunir dinero para el viaje y, en abril del mismo año, toda la familia Lake, Tom Hezmalhalch y tres acompañantes, partieron hacia Suráfrica.
Este viaje fue un poderoso testimonio de la provisión sobrenatural de Dios a través del cual John G. Lake, quien alguna vez fue llamado “el millonario de Dios”, aprendió a depender exclusivamente de Dios en el aspecto económico. Recibieron ofrendas para los gastos de viaje; y una señora que no los conocía estaba en el muelle esperando “una familia misionera numerosa”, porque Dios le dijo que los alojara en Johanesburgo.
¡Allí empezó un ministerio que sacudió Africa!

EL AVIVAMIENTO EN AFRICA
Al primer servicio que realizó John G. Lake en Africa, como sustituto de un pastor sudafricano, asistieron más de 500 nativos zulúes que fueron impactos por el poder de Dios. A partir de ese momento se inició un gran avivamiento espiritual en Johanesburgo, en el que miles de personas fueron salvas, recibieron el bautismo del Espíritu Santo, y fueron sanadas.
En sus servicios John Lake y Tom Hezmalhalch se turnaban para predicar y oraban no solo por los que estaban presentes en la reunión, sino por personas de toda Africa que enviaban peticiones de oración, y Dios respondía de forma sobrenatural e inmediata. Muchos salían gritando ¡Soy sano! ¡Soy sano!; los servicios duraban hasta las 4:00 a.m. o 5:00 a.m.; las personas caían bajo el poder de Dios cuando John los tocaba y algunas veces a metros de distancia; y la ciudad estaba trastornada porque muchas personas amanecían llorando y deambulando por las calles, llenos de gozo porque se habían encontrado con Cristo.
Fue tal el alboroto que se formó alrededor de este ministerio, que las personas acudían en masa a la casa de los Lake para que John y Jennie oraran por ellos. Jennie daba palabras de conocimiento con un discernimiento espiritual que dejaba asombradas a las personas y llevaba al arrepentimiento a muchas de ellas.
Antes de completar un año en Africa, ya habían fundado cien Iglesias, y John G. Lake se ausentaba de su casa en extensos viajes misioneros. Su esposa atendía el ministerio y la casa, esforzándose de tal manera que su cuerpo no resistió más, y el 22 de diciembre de 2008 falleció, mientras su esposo estaba viajando por el desierto de Kalahari. Lake quedó desolado por la muerte de su esposa y durante muchos años lo acompañó el dolor de su pérdida.
En 1909 volvió a los Estados Unidos para buscar ayuda económica para el ministerio en Africa, y regresó en enero de 1910. Encontró que una tremenda plaga asolaba el país, y él mismo empezó a atender a los enfermos y moribundos sin que jamás lo tocara la plaga. Esto creó curiosidad entre los médicos, quienes lo retaron a que se sometiera a un análisis científico: colocaban en la mano de Lake, tejidos humanos contaminados con la plaga, y mediante un microscopio constataban que todos los gérmenes morían al contacto de su mano. Pero John Lake únicamente le daba gloria a Dios, y utilizó estas pruebas para que muchas personas se convirtieran a Cristo.
A finales de 1910, su amigo Tom Hezmalhalch se fue y lo dejó aún más solo; pero él sabía que debía permanecer en Africa. Muchas personas lo confortaron a través de cartas para que continuara y en respuesta, él empezó a publicar un boletín en el que contaba los testimonios de sanidades y milagros del ministerio, y era tal la unción que fluía a través de esos papeles, que cuando las personas los leían se arrepentían de sus pecados, eran bautizadas con el Espíritu Santo, sanadas y liberadas.
Fundó la Obra Misionera Tabernáculo Apostólico y la Iglesia Sión; y continúo predicando y orando por los enfermos en Africa hasta 1912. Se calcula que en sus cinco años de ministerio en Africa, se convirtieron más de cien mil personas, fundó 625 Iglesias, preparó y envió 1.250 predicadores, y Dios obró a través de él un incontable número de milagros.

EL AVIVAMIENTO EN ESTADOS UNIDOS
En 1912 John G. Lake volvió a los Estados Unidos y el primer año le dio prioridad a descansar al lado de sus hijos. En 1913 conoció a su segunda esposa, Florence, con quien tuvo cinco hijos. En 1914 se radicó en Spokane – Washington, en donde abrió el Tabernáculo Apostólico en el que inició un ministerio de sanidad y milagros, que afectó la ciudad de tal manera que las autoridades iniciaron una investigación para constatar la veracidad de dichas sanidades. El gobierno constató las increíbles sanidades y declaró la ciudad de Spokane como “la más sana del mundo”.
En 1920 estableció un centro de sanidad en Portland – Oregon, y los siguientes once años estuvo viajando por todo el país y estableciendo centros de sanidad similares en Sacramento, San Diego y Houston – Texas.
Su vida y la de su familia se volvió más placentera, porque aprendió a tener mayor equilibrio entre el ministerio y la vida familiar, y se volvió menos rígido tanto en su casa como en la Iglesia, sin que esto afectara para nada la efectividad de su ministerio y las manifestaciones del Espíritu Santo sobre él.
En medio de una generación que empezaba a manifestar incredulidad, defendía con pasión las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. Respecto del ministerio cristiano decía: “Si el cristiano no tiene el Espíritu para ministrar, no tiene nada para ministrar”. Hasta el final de sus días fue un hombre sediento de la Presencia de Dios, y el Señor lo saciaba abundantemente.
En sus últimos años empezó a perder la visión, pero tampoco se resignó a quedar ciego, sino que clamó al Señor y Él lo sanó a los sesenta y un años. Después de que una vida fructífera, durante la cual él sirvió a Dios y fue utilizado por Él de manera extraordinaria, finalmente murió el 16 de septiembre de 1935, a la edad de sesenta y cinco años.
Hasta el día de hoy, el Tabernáculo Apóstólico y la Casa de Sanidad de John G. Lake en Spokane, siguen activos y reciben visitantes de todas partes del mundo. Es un ministerio que continúa siendo de gran bendición en el siglo XXI

Preparate para la Guia Profetica año 5787 (Sept 2026-Sept 2027): Tiempo de cumplimiento-PEY ZAYIN

  PEY ZAYIN: TIEMPO DE TRANSICION HACIA EL CUMPLIMIENTO Y LA VICTORIA, ALELUYA, AMEN.